¿Regalos?: Dos, gracias.

Y es que parece que hoy en día nos estamos volviendo locos… Cuántas son las veces en las que acudimos a un cumpleaños infantil y vemos montañas y montañas de regalos para el cumpleañero, cantidades sorprendentes de regalos también en Navidad (ya sea por Papá Noel, Reyes,… ), por no hablar de los regalos porque sí, y el caso es que, pese a que a todos nos gusta recibir un regalo de vez en cuando, ya desde bien pequeños debemos acostumbrarles y enseñarles a valorar los mismos…

Pasa muchas veces que recibimos regalos en diferentes casas. Ya sea para cumpleaños u otras celebraciones los niños reciben regalos en casa, en casa de los abuelos, en casa de algunos tíos, regalos de los amigos,… y aunque algunos están fuera de nuestro alcance para poder actuar, ante muchos sí lo podemos hacer. Si sabemos qué es lo que les gusta podemos compartir la información con los demás, y repartir los regalos de forma que en cada casa haya uno, sin necesidad de que sean cincuenta.

Si compramos nosotros todo lo que el niño quiere, de entrada, le quitaremos sentido. Es mejor repartirlos en el tiempo, ya que si no el momento de euforia se limitará a uno, mientras que si los reservamos para diferentes ocasiones tendrá más de uno. Le permitiremos así disfrutar del nuevo juguete durante un tiempo, focalizando así su interés en el mismo, y ya cuando lo haya explotado al máximo estará preparado para recibir el siguiente.

Cómo dosificar los regalos

Podemos dejar alguno de los regalos para ocasiones especiales, como por ejemplo, para premiar de vez en cuando un pasito más que haya dado el pequeño en algunos aspectos (empieza a vestirse sólo, recoge siempre los juguetes, ayuda a poner la mesa,…), y como decimos, de vez en cuando, tampoco es lógico premiar cualquier cosa que hagan.

Todo esfuerzo merece su recompensa, pero esta no siempre tiene por qué ser inmediata, ni material. Somos nosotros los que debemos ir enseñando a nuestros “peques” esas pequeñas cosas.

Puede que todo esto parezca obvio, pero a mi alrededor cada vez veo más casos de padres desesperados porque no saben ya qué más darle a sus hijos, incluso padres que hacen un sacrificio enorme para comprarles lo que ellos quieren, aun cuando incluso la propia familia no se lo puede permitir… y es en ese momento, si no antes, cuando debemos replantearnos si realmente tiene sentido todo ese esfuerzo para conseguir un bien material que no es imprescindible, si no que puede que nos hayan hecho creer que así lo sea. Si desde pequeños acostumbramos a nuestros peques a conseguir todo lo que quieren, incluso sin esfuerzo, estamos creando futuros súper consumidores, muchas veces puede que incluso sin criterio, así como gente pasiva, que quiere conseguir el máximo haciendo muy poco.

El consumo excesivo no es la solución

Hay muchos “adolescentillos – ninis” que pese a que están yendo al instituto ni estudian ni trabajan. Acuden al instituto por obligación, pero se dedican a perder el tiempo porque luego suspenden la mayor parte de las asignaturas, eso sí, van a la última en cuestión de moda y de nuevas tecnologías, con móviles que ni yo igual me puedo permitir…entonces, ¿vemos ya el fallo o todavía no?. ¿A qué estamos acostumbrando a estas nuevas generaciones que lo tienen todo por nada?, se vuelven exigentes, “contestones” y poco respetuosos con el adulto, lo que nos repercute en muchos aspectos, aunque parezca mentira, por no hablar de lo que les condiciona a ellos mismos a la hora de enfrentarse a la vida, puesto que no siempre les será tan fácil conseguir todo lo que quieran o necesiten, y menos todavía sin esfuerzo de por medio.

Y es que sin darnos cuenta, los pequeños detalles influyen. “No es fácil ser padre, no nacemos enseñados”, me han dicho alguna vez ante situaciones en las que ellos mismos se ven sobrepasados, pero lo que sí es fácil aunque a veces no nos demos cuenta es ejercer de adultos con los niños. Incluso el adulto más inmaduro que nos podamos imaginar tiene algo que aportar al niño, puesto que ya tiene muchos más años de experiencia. Así pues tiremos de la lógica básica y pongámosles límites a nuestros peques. No les acostumbremos a todo porque sí, démosle un sentido. Aunque a veces parezca difícil, explicando las cosas claramente se consigue mucho. No se pueden pedir diez regalos a los Reyes Magos porque hay muchos más niños y se tiene que compartir… ¿o no es lo que luego les decimos muchas veces, que hay que compartir?. Que se piensen bien lo que van a pedir, que mediten y pidan una sola cosa o tres como máximo, incluso que pidan para los demás.

Si no podemos hacer frente a los deseos de nuestros peques no se acaba el mundo, podemos hacer un mix entre lo que quieren, lo que realmente necesitan y lo que nos podemos permitir. Seguro que la mayoría recordamos algún regalo de Reyes que no se ajustaba a nuestras expectativas y que aun así recibimos con alegría e ilusión, y no por no ser lo esperado se acabó el mundo, ¿verdad?, pues con ellos lo mismo.

Porque a veces la falta de tiempo para dedicarles o visitarles (en el caso de los abuelos y otros familiares), la falta de energía tras estos atareados y estresados días que llevamos de vez en cuando, nos hace pensar que podemos compensar de otra manera, y por regla general nos vamos al consumo. Pero hemos de tranquilizarnos y relativizar, porque seguro que si lo pensamos dos veces nos damos cuenta de las cosas que realmente son importantes, y qué mejor manera de transmitirles ese mensaje a los más pequeños que teniendo nosotros las cosas claras.

Con todo esto recapitulemos, ¿regalos?, dos, gracias.

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