La hora de dormir y los niños.

El sueño del niño es una de las mayores preocupaciones que tienen los padres cuando tienen niños pequeños, sobre todo cuando nace el primer hijo, debido a la inexperiencia lógica al ser padres primerizos.

Cuando el niño no duerme los padres no pueden descansar suficientemente lo que produce situaciones de nerviosismo, irritabilidad y angustia, creándose en el hogar un estado de ansiedad y caos que va creciendo día tras día. Esta situación hace que se tema la llegada de la noche provocando, a veces, errores debidos a esta intranquilidad.

Este contexto repercute en el niño, que sin duda percibe ese estado de ánimo de sus padres, haciéndole aumentar su malestar, creándose de esta manera un círculo vicioso del que hay que intentar salir lo antes posible.

 

 

Para poder dar solución al problema, lo primero que hay que hacer es entender…

… en qué consiste el sueño y cuánto deben dormir los niños según su edad
¿Qué es el sueño?

El sueño es un estado en el que organismo rompe con el mundo exterior, inhibiendo la actividad muscular, disminuyendo de esta manera la necesidad de oxigeno y nutrientes en los músculos, reduciéndose de esta manera el riesgo sanguíneo y las frecuencias cardiaca y respiratoria. A nivel psíquico el sueño también es fundamental, ya que ayuda a que las estructuras cerebrales que se encargan de la regulación y de la organización de las funciones vitales se puedan recargar y desintoxicar.

En definitiva, se puede decir que mediante el sueño el organismo descansa y se recupera física y psíquicamente por lo que es una necesidad básica al igual que es beber agua o comer.

El ciclo de sueño 

Mientras dormimos se producen dos estadios: el sueño lento y el sueño REM, que se van repitiendo de forma cíclica. A esta repetición se le denomina ciclo del sueño. Cada ciclo completo tiene una duración de unas dos horas y durante la noche se producen entre cuatro y cinco ciclos, que no son siempre iguales, ya que según avanzan las horas de sueño, los periodos de sueño REM se hacen más largos.

El estadio de sueño lento tiene cuatro fases, en las dos primeras el sueño es tranquilo y ligero y en las fases tercera y cuarta se va haciendo más profundo progresivamente. Este estadio dura entre 90 y 105 minutos en los adultos y aproximadamente 55 minutos en los niños.

El segundo estadio, el REM (Rapid Eye Moviments) o de sueño agitado, es el periodo de sueño en el que se suele soñar, se dan las pesadillas, los terrores nocturnos y otras alteraciones del sueño. La respiración y el pulso son irregulares, el ritmo cardiaco es acelerado, se entreabren los ojos, se gime, etc. Constituye en los recién nacidos entre el 35 ó 80% del sueño total. Al año el porcentaje de sueño REM desciende al 20-25 %, manteniéndose esta proporción a lo largo de la vida del individuo.

Al finalizar cada ciclo el cerebro determina si se ha dormido suficiente o si es necesario otro ciclo de sueño, dependiendo del descanso que se haya logrado.

Los patrones del sueño 

Las necesidades de sueño son diferentes dependiendo de la edad, por esta razón se debe entender que los niños tengan que dormir más horas que una persona adulta. Esto queda más claro si entendemos qué es un patrón del sueño y cuál es el patrón según las diferentes etapas del ciclo vital.

El patrón del sueño es la frecuencia y la duración de las dormidas de una persona. Cada patrón de sueño depende de las particularidades personales y evolutivas de cada individuo. La evolución de un patrón de sueño a otro se produce de forma gradual, pasando de ocupar, el sueño, la mayor parte del tiempo en los niños, a 7 u 8 horas seguidas en los adultos.

 

 

Desde el nacimiento hasta el año es cuando más cambios de sueño se dan. Los recién nacidos, duermen casi todo el día, de 16 a 20 horas en varias dormidas de 3 – 4 horas cada una.

Entre los tres y doce meses las horas de sueño son de 16 a 18. En el periodo de los tres a los seis meses duermen 18 horas, diez de ellas por la noche y las otras ocho repartidas en cuatro dormidas diurnas de dos horas cada una. De los seis a los nueve meses, se mantienen las horas nocturnas y se reduce a tres las dormidas diurnas, rebajando a 16 horas las horas totales de sueño. Entre los nueve y los doce meses, duermen más horas por la noche, hasta doce horas, y se reducen las dormidas diurnas a dos.

El periodo que abarca del año a los dos años (12-24 meses) conserva las 12-13 horas de sueño nocturno, las dormidas diurnas se limitan a una o dos horas de siesta.

A partir de los 24 meses (2 años), se van reduciendo las horas de sueño. A los tres años el niño duerme unas diez horas nocturnas y sigue con una siesta diurna de unas dos horas.

Esta reducción de horas de sueño nocturno va aumentando con la edad del pequeño hasta llegar a las 8 horas en niños de 10 a 11 años, proporción que se mantendrá hasta la edad adulta. En la edad adulta ya sabemos que por mil y una razones, a veces lo de las 8 horas es difícil, aunque se debe intentar para un buen descanso físico y mental.

 

Una vez que sabemos algo más sobre el sueño, el siguiente paso es …

¿cómo aprender algunas pautas y métodos que nos ayuden en esta ardua tarea?

Existen diferentes métodos para enseñar a dormir, con sus ventajas e inconvenientes, nosotros vamos a comentar el método Ferber y el método Sunderland, que son dos de los más conocidos.

Método Ferber o “Dejar de llorar”

 

  

Su nombre se debe al pediatra norteamericano Richard Ferber. En España, lo popularizó el doctor Eduard Estivill con su libro “Duérmete niño”. Este método se basa en concretar un horario y unas rutinas como por ejemplo: bajar la intensidad de la luz, leer un cuento, cantar una nana, etc., para cuando llegue la hora de ir a dormir llevarlas a cabo. Y seguidamente se da las buenas noches al niño y se deja solo en la cuna, aunque llore, durante periodos cada vez más largos.

Con el paso del tiempo el niño dejará de llorar cuando lo pongan a dormir porque sabrá que no obtiene recompensa al hacerlo.

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Método Sunderland o “Colecho”

 

 

Fue creado por la psicóloga inglesa Margot Sunderland y fue adaptado en España por la psicóloga Rosa Jové, impulsora del proyecto “Dormir sin lágrimas”. El método defiende que los niños deben dormir en la cama de los padres hasta una edad aproximada de cinco años. Dormir con los padres proporciona seguridad y confianza al niño y mejora su crecimiento y desarrollo. En cambio dormir solos es perjudicial, pues esta separación incrementa el nivel de estrés en el pequeño.

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Consejos para que el niño duerma bien

Crear un buen hábito de sueño requiere de una planificación, no se puede dejar en manos de la improvisación. Así que, el tener una programación de ciertas tareas nos ayudará a reducir incertidumbres. Estos son algunos consejos a tener en cuenta para que el niño duerma bien:

  • Establecer una rutina en relación con el momento de ir a dormir, mediante horarios y hábitos, pues dará seguridad tanto a los padres como al niño. Las rutinas higiénicas, por ejemplo, ayudarán a identificar los momentos y crear hábitos que se mantendrán cuando el niño crezca, deben programarse al despertarse y para antes de ir a dormir.
  • Hay que aprender a detectar las señales que el niño emite para decir que tiene sueño: bostezos, irritabilidad, interés exagerado por el chupete o biberón…; para llevarlo en este momento a dormir.
  • El espacio en que se duerme debe ser fácilmente reconocible, esto proporcionará una relación entre este lugar y el descanso.
  • Conviene que el niño tenga objetos con los que suele dormir: algún juguete, su propia manta, etc.
  • La habitación donde duermen debe estar bien limpia y ventilada.
  • Controlar la temperatura del niño y habitación, ya que un si hace frio o calor el niño dormirá mal o no podrá dormir.
  • La cuna o cama debe estar adaptada a la edad del niño y debe ser segura y de buena calidad.
  • El colchón y la ropa de cama deben ser transpirables y de una composición lo más natural posible.

Hay que convertir el ir a la cama en un ritual positivo y agradable en el que participen los padres de forma tranquila y relajada para que el niño asocie este periodo con algo placentero, tranquilo y normal y no como algo que puede parecer un castigo o un momento de nerviosismo y desasosiego.

Quizá esta labor sea una de las más importantes para que el niño vaya comprendiendo las virtudes y necesidades del sueño y no se convierta en un problema para toda la familia.

El aprendizaje de esta situación, no solo incumbe al niño, sino que tanto familia como educadores, deben mostrar este periodo como algo natural y placentero, por lo que hay que adquirir rutinas que faciliten el ir a la cama de la forma más agradable posible, evitando de esta manera caer en la desesperación.

Esperamos que este post os haya sido de utilidad. Y si tienes alguna pregunta no dudes en hacernos un comentario.

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